La misión...


"Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca ; no la dejes, y ella te guardará; ámala, y te conservará.
Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.
Engrandécela, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tú la hayas abra
zado."

- Salomón, Proverbios 4:5-9 -

martes, 13 de marzo de 2012

LA ADORACIÓN INCONDICIONAL

“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario.” -Salmo 63:1, 2-
¿Sabes quién escribió este Salmo? Lo escribió uno  de los personajes más consentidos de la Biblia: David. Y digo que es uno de los más consentidos porque no es el único; hay sólo un puñado de personajes de los que Dios habla con especial atención:
+ Abraham: Se le llama el amigo de Dios.
+ Moisés: Dios hablaba con él como con cualquier compañero.
+ Job: Dios habla de él como un varón recto, perfecto, temeroso de Dios y apartado del mal.
+ Noé: La Biblia dice que era perfecto en sus generaciones.
+ David: Era un hombre conforme al corazón de Dios.
Cada uno de ellos tenía una característica específica en su ministerio: Abraham era un hombre de fe, Moisés era un libertador apasionado, Job era fiel y dedicado, Noé era un creyente celoso y perseverante…pero David tenía varias características, era: músico, pastor, guerrero, danzante, rey, sacerdote y adorador.
La adoración de David era incondicional… yo quiero hablarte acerca de la adoración incondicional en hombres y mujeres convencionales. Quisiera que entendiéramos juntos qué significa esto a través de la vida de David.
1. 1Samuel 16:14-16 La adoración de David ya tenía fama de ser auténtica (sincera, real).
- La adoración de David causaba un impacto en el mundo invisible (espiritual).
- El Rey Saúl ya andaba mal… él mismo hizo que esa alabanza que ahora le ayudaba, después le viniera a incomodar.
- Porque la adoración siempre causa un impacto, pero depende de quien la reciba:
                        + A Dios le encanta.
                        + A ti te bendice.
                        + Pero a Satanás le molesta.
- Pero la adoración de David no variaba aunque las circunstancias fueran distintas.
2. 1Samuel 18:10,11 y 19:9,10 Tal vez si hubiéramos estado en el lugar de David, no hubiéramos vuelto a tocar la segunda vez si ya sabíamos cómo se ponía Saúl. A algunos no les gusta la adoración, y las consecuencias se hacen evidentes, pero la adoración de David era incondicional.
3. 1Samuel 19:11 A tal grado le incomodó, que después de esto, Saúl incluso manda asesinos a casa de David para matarlo.
- Pero ¿qué hizo David?
- Salmo 59 ¡David adoraba!
4. 1Samuel 22:1 Después de esto, Saúl lo perseguía por todos lados y le forzó a esconderse en una cueva.
            - Pero ¿qué hizo David?
            - Salmo 57 ¡David adoraba!
5. 1Samuel 23 Después de esto, Saúl seguía procurando matarle y le hace huir al desierto.
            - Pero ¿qué hizo David?
            - Salmo 63 ¡David adoraba!
                        + Este es un Salmo hermoso, inspiración de muchas canciones.
                        + Pero cuando entiendes en dónde nace, te impacta más…
6. 1Samuel 24:18-22 Después de mucha persecución y angustia, a David se le presenta la oportunidad de matar a Saúl, pero le perdona la vida porque sabía que a pesar de todo se trataba de un ungido de Jehová. A causa de esto, Dios libra a David de Saúl.
            - ¿Y qué hizo David?
            - Salmo 18 ¡Adoró!
Nuestra adoración debe ser incondicional. Salmo 63:1, 2 Se trata de reconocer Su poder y Su gloria en cualquier situación y lugar, ya sea el desierto, la cueva, la persecución o la desesperación… reconocerle y adorarle de la misma forma en la que lo hacemos cada semana en la congregación… o cada vez que vas dispuesto…
            - La mejor adoración nace de los peores momentos.
            - Porque es ahí donde te das cuenta que Dios es el único con el que cuentas…
            - Así es que si estás en esta situación, Dios tiene algo que enseñarte.
Tu adoración causa un impacto en el mundo invisible, a Dios le encanta, pero a Satanás le molesta: porque a parte de que en la alabanza y adoración hay libertad, no le estás adorando a él… ¿recuerdas porqué cayó?...
 A Saúl tampoco le gustaba la adoración de David, y le atacaba… pero David siempre lo evadía, aunque era muy bueno con la lanza. Saúl le atacaba, pero David no dejaba de adorar. Tu adoración debe ser incondicional y auténtica, no siempre es fácil, es por eso que es un sacrificio (Hebreos 13:15). Es un sacrificio, pero es un beneficio…

jueves, 23 de febrero de 2012

CIUDADANÍA CELESTIAL

Éxodo 19:5,6
Existen diversas ciudadanías en el mundo, la principal forma de obtenerla, es a través del nacimiento; la ciudadanía es: “el derecho a pertenecer”, y la gente que la ejerce, también se hacen acreedores a los derechos y obligaciones característicos del lugar a donde pertenecen. De acuerdo al lugar al que pertenece, el individuo obtiene características culturales específicas, es decir: un estilo de vida que le caracteriza.
Jesús manda a sus discípulos a que prediquen el Reino de los cielos (Mateo 10:7,8). De hecho, Jesús pasó su tiempo en la Tierra predicando el Reino (Mateo 4:17/Marcos 1:15), Él dijo que:
* El Reino era de los pobres de espíritu (humildad). Mateo 5:3
* El Reino es de los que padecen persecución (esfuerzo). Mateo 5:10
* El que hace la voluntad del Padre entrará en el Reino (obediencia). Mateo 7:21
* Si no somos como niños, no entraremos en el Reino (sinceridad). Mateo 18:2-4
* El Reino es para los valientes (valentía). Mateo 11:12
* Los indecisos no son aptos para el Reino (compromiso). Lucas 9:62
* Buscar el Reino es una prioridad (confianza). Mateo 6:33
* Si no naces de nuevo, no puedes ver el Reino (pertenencia) Juan 3:3
Pero a todo esto, ¿qué es el Reino? El Reino es: gobierno. El Reino de Dios, es gobierno de Dios. Yo pertenezco al Reino de Dios cuando permito que Dios gobierne mi vida: pensamientos, acciones, emociones, conducta, carácter, economía, entendimiento. Y aunque pudiera sonar impositivo y prohibitivo, no lo es. No se trata de renunciar a nosotros mismos, se trata de endosar voluntariamente nuestro ser al ser de Dios.
El Reino no es una dictadura, es una monarquía. No es un sistema al que estamos obligados a obedecer por la fuerza o por temor al castigo, hay un Rey a quien se busca agradar y servir por amor, para honrarle.
El Reino no es nada nuevo. El Reino es algo que tuvimos y perdimos en el Edén. El hombre de Dios fue creado bajo el gobierno y protección divina, pero desde el momento en el que el hombre decide pecar, también menospreció el gobierno de Dios sobre sus acciones, pensamientos y entendimiento; pensó que estaba bien hacer lo que le pareciera mejor, lo que pensaba que era correcto. El Reino no es nada nuevo, Dios lo seguía anunciando a través de los antigüos profetas una y otra vez, porque a pesar de todo, Dios seguía insistiéndonos en querer ejercer su gobierno sobre nosotros, por nuestro bien. Sin embargo, fueron pocos los que lo alcanzaron (Mateo 8:11,12), ni aún a quienes iba dirigido, porque no es fácil.
Hebreos 11:13-16 nos dice que hubo grandes hombres que murieron creyendo que eran extranjeros en la Tierra, que aunque habitaron entre nosotros y vivieron como nosotros, hicieron cosas extraordinarias y vivieron una vida ejemplar, porque entendieron que aunque estaban aquí, no eran de aquí, sabían que tenían una patria celestial, una ciudadanía celestial y un Padre celestial, tenían el gobierno de Dios en sus vidas y actuaron de acuerdo a este. Es lo que Jesús le dice al Padre cuando ora por sus discípulos en Juan 17: “están en el mundo, pero no son de este mundo, así como yo (Jesús) no soy de este mundo, no te pido que los quites del mundo, sino que los libres de todo mal”.
Cuando Jesús predicaba diciendo que el Reino se ha acercado, nos dice que es el mejor momento para dejar que Dios gobierne nuestras vidas. Que como aquellos hombres, tenemos una ciudadanía celestial que tal vez hemos descuidado, una ciudadanía que obtuvimos por nacimiento desde el momento en el que aceptamos a Jesús como nuestro salvador y le dimos el control de nuestras vidas. Si no naces de nuevo, no puedes ver el Reino (Juan 3:3), debemos ser personas que ejercen su ciudadanía, ¡ejercer nuestro derecho de pertenecer al Reino!, con sus derechos y obligaciones; debemos desarrollar una cultura de Reino, un estilo de vida que nos caracterice, una vida de: humildad, esfuerzo, obediencia, sinceridad, valentía, compromiso y sentido de pertenencia. En Mateo 8:11,12 Jesús dijo que habría hombres que se sentarían con estos grandes hombres en el Reino de los cielos. Nosotros somos esos hombres y mujeres, nosotros estamos llamados a tomar el Reino.
Éxodo 19:5,6 Es una palabra profética para nuestros tiempos, Dios dijo que seríamos un Reino de sacerdotes y gente santa que oyera su voz y guardara su pacto. Gente que hiciera Su voluntad para entrar en el Reino (Mateo 7:21), que está reservado sólo para valientes (Mateo 11:12), gente segura de su ciudadanía y gente comprometida que pudiera decir con toda seguridad: Soy habitante del Reino, porque el Reino me habita a mí.

miércoles, 25 de enero de 2012

¿QUÉ ES LO QUE VES CUANDO CORRES?

Hebreos 12:1
La vida en Cristo y con Cristo, es una carrera; y una carrera con todo lo que implica: prepararte, entrenarte, correr, esforzarte, disciplinarte, aguantar, pero sobre todo, completarla…
Pero también una carrera puede ser vista como un proceso de aprendizaje que incluye: aprender lecciones (incluso repasarlas varias veces), ser constante, esforzarte, pero sobre todo, graduarte…
El autor de Hebreos ve la vida en Cristo como una carrera que todos debemos de completar, pero que desafortunadamente cada quién corre a su paso, con sus propias técnicas y con sus propias fuerzas; todos corremos de distintas formas: impacientemente, indisciplinadamente, inconstantemente. Todos corremos con pesos diferentes sobre nosotros; queremos correr la carrera cargados: cargados de problemas, cargados de preocupaciones, cargados sentimentalmente e incluso cargando a otros.
La vida en Cristo es una carrera que tiene una meta definida. Pero al parecer todos tenemos metas distintas (Hebreos 12:2). La meta es Jesús, y debemos poner la mirada en Él, puesto que corrió una carrera perfecta… y también se graduó con honores.
¿Qué es lo que ves cuando corres?
¿Al autor y consumador de la FE? ¿O al autor y consumador de la duda? ¿A Jesús o a ti mismo y tus carencias y obstáculos? Es importante poner los ojos en la meta, no en el transcurso; si no estás viendo la meta, puedes acabar en cualquier lugar y sin saber cómo llegaste ahí…
¿Cómo corres la carrera? 
¿Cargado, liviano, paciente, inconstante, disciplinado, apresurado, concentrado en la meta o distrayéndote por el paisaje?... No es una carrera fácil, no muchos pueden correrla y no muchos pueden completarla; pero tenemos ya el precedente de que alguien nos marcó la ruta indicada, para probarnos que es posible graduarse… (Hebreos 12:3).
En ocasiones hay oposición que nos reduce la velocidad en el trayecto: tus cargas personales (tus problemas, tus limitaciones, tus “carencias”) y el pecado que te asedia. De cualquier forma, el que alguno de los dos te afecte es tu responsabilidad, porque la única persona que podría frenarte, eres tú mismo… por falta de disciplina. Siendo una carrera en la que tenemos que graduarnos, hay ciertas cosas que tenemos que aprender.
Hebreos 12:5,6:
a) La disciplina es enseñanza.
b) Aquel que enseña, ama.
c) Aquel que ama, disciplina.
El Señor nos disciplina en nuestro andar por amor, porque la disciplina es necesaria para completar la carrera, porque Él desea que completes la carrera. Hebreos 12:7,8 ¿Eres hijo de Dios?... queremos los beneficios de la heredad, pero no las responsabilidades. Si pretendemos llevar esta carrera sin disciplina, no estamos corriendo como hijos, estamos corriendo por nuestra cuenta…
La disciplina produce vida… Hebreos 12:9
La disciplina produce santidad… Hebreos 12:10
La disciplina produce justicia… Hebreos 12:11
La disciplina no es causa de gozo para quienes no la han probado, y la falta de disciplina tiene sus propios frutos nada apacibles y totalmente contrarios a la justicia. Pero si hemos vivido toda una vida sin disciplina y nos ha llevado a tomar malas decisiones y tener pobres consecuencias, ¿por qué no tomar la disciplina reservada sólo para los Hijos y cambiar el rumbo de nuestras vidas?
Si podemos empezar nuestra carrera con los ojos fijos en la meta, y si empezamos a mirar al autor y consumador de la fe, a aquel que completó la carrera para mostrarnos que se podía completar, y si seguimos la disciplina que es necesaria, podremos lograrlo, no importando cuánto tiempo nos tome.
Porque entonces podremos tener la misma seguridad con la que Pablo exhortaba a los filipenses a que no se rindieran…
“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
-Filipenses 3:13,14-

miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL PLAN DE SALVACIÓN DE 1,500 A. C.

¿Qué pensarías si te dijera que desde mucho antes de Jesús, Dios ya había trazado la estrategia para que fuéramos salvos? Dios ya había puesto en práctica un plan a través de un hombre dispuesto a protagonizar un proyecto de libertad y de vida. Pero fue hace unos 3500 años. Fue un plan perfecto, pero el protagonista no fue fiel…
Ha habido personas que marcan una era. Son aquellos que trastornan su entorno, a sus contemporáneos y todas las áreas de su mundo: político, social, cultural, económico, espiritual… unos verdaderos reformadores. Para entender mejor esto, quiero hablarte de dos personajes bíblicos que seguramente ya conoces, pero vamos a estudiarlos de una forma distinta, vamos a relacionarlos para que podamos entender la importancia y la trascendencia de lo que cada uno hizo, estos personajes son: Jesús y Moisés.
1. Sus nacimientos trataron de ser impedidos. En el caso de Moisés, el Faraón en su época mandó matar a todos los varones recién nacidos pero Dios lo salva. En el caso de Jesús, Herodes mandó matar a todos los bebés menores de 3 años, pero Dios le salva cuando María y José huyen a Egipto.
2. Fueron arrebatados de sus contextos, de su origen. En el caso de Moisés, después de ser salvado de morir, es separado de su familia y de su pueblo y es educado por la hija del Faraón. En el caso de Jesús, dejó todos sus privilegios en los cielos para venir a la Tierra a vivir como nosotros.
3. No se sabe de ellos en largo periodo de tiempo. En el caso de Moisés, después de huir de Egipto, empieza a vivir en el desierto, se casa, tiene familia y comienza a trabajar para su suegro, pero de esta etapa hasta el momento que Dios lo llama en la zarza, pasan cerca de 40 años. En el caso de Jesús, después de enseñar en el templo a la edad de 10 años, no se sabe de él sino hasta el momento en el que es bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, pero habían ya pasado 20 años.
- Aunque en la Biblia no se menciona qué fue de ellos en esos años, ciertamente fue un proceso de preparación de parte de Dios para ambos. Estaban en espera del inicio de sus respectivos ministerios.
4. Fueron puestos para traer libertad. En el caso de Moisés, su misión era sacar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto; este ministerio, fue anunciado por los profetas desde mucho tiempo antes, aproximadamente 450 años antes del llamado de Moisés. En el caso de Jesús, su misión era sacar a la humanidad de la esclavitud del pecado; este ministerio fue anunciado por los profetas cerca de 700 años antes del llamado de Jesús.
5. Tuvieron ministerios de poder. Dios hablaba y obraba a través de ellos por muchas señales, prodigios y milagros; además de que tenían la capacidad de hablar con Dios cara a cara. En el caso de Moisés, Dios hablaba y obraba con el pueblo a través de él por muchas señales: las 10 plagas, la apertura del mar rojo, la columna de fuego, la nube, el agua en la roca, el maná del cielo… En el caso de Jesús, Dios hablaba y obraba con el pueblo a  través de él por muchas señales: sanaba múltiples enfermedades, resucitaba muertos, multiplicaba los alimentos, caminaba sobre el agua, calmaba tempestades, liberaba endemoniados…
6. Eran celosos de las cosas de Dios. En el caso de Moisés, una y otra vez se muestra la pasión y el celo que tenía por el respeto a Dios, y se expresaba a través de su fuerte carácter: su desesperación por la infidelidad del pueblo, su actitud al romper las tablas de los 10 mandamientos, su constante reclamo por tener que soportar al pueblo… En el caso de Jesús, su pasión y el celo por el respeto a Dios también se expresaba a través de su fuerte carácter: sus predicaciones confrontando a los religiosos, sus prácticas poco ortodoxas, su actitud al voltear las mesas de los comerciantes en el templo…
7. Ambos se convirtieron en modelos a seguir.

A pesar de todas las similitudes, hay una diferencia fundamental entre ellos: mientras que el ministerio de Moisés murió con él, el ministerio de Jesús se cumplió con su muerte.
La obra de Moisés fue finita, porque a pesar de ser recordado y respetado en nuestros días, todas las cosas que hizo no tuvieron mayor trascendencia en el estilo de vida del pueblo de Israel, pues continuaron viviendo igual o peor que antes; el propósito de su ministerio no tuvo continuidad, por lo que no perduró, ya que el pueblo de Israel eventualmente volvió a caer en esclavitud varias veces.
La obra de Jesús es infinita y no caduca, porque a pesar de que murió, también resucitó y todas las cosas que hizo son trascendentales, porque las sigue haciendo en nuestros días y renueva nuestro entendimiento constantemente por la obra de su Espíritu, lo que nos lleva a ser mejores cada día; el propósito de su ministerio es replicable, por lo que perdura hasta nuestros días, ya que la libertad que brindó hace 2011 años la sigue dando hoy a cualquiera que la acepte.
La estrategia de salvación, había sido ya utilizada por Dios a través de Moisés para revelarnos la obra que Jesús haría 1500 años después. Dios estaba sentando las bases para lo que había de venir, es decir, Moisés era la sombra de lo que Jesús sería.
El ministerio de Jesús trasciende al de Moisés por una enorme ventaja. Mientras que la libertad que vino a través de Moisés consistía en cambiarlos de lugar (sacarlos de Egipto y llevarlos a la tierra prometida), la libertad que vino a través de Jesús consistía en cambiarlos de corazón: ya no se trataba sólo de ser libres externamente, sino de que tuviéramos libertad en nuestro interior, para ser verdaderamente libres.
¿Cómo es que Jesús trasciende a Moisés?
a) Por medio de Moisés Dios dio mandamientos, pero Jesús los cumplió y los redefinió.
b) Por medio de Moisés el pueblo conoció de Dios, pero a través de Jesús conocemos a Dios.
c) Por medio de Moisés el pueblo tuvo la tierra prometida (herencia terrenal), pero a través de Jesús tenemos el Reino de los cielos (herencia celestial).
d) Por medio de Moisés el pueblo obtuvo identidad, pero a través de Jesús tenemos legitimidad (no sólo decir que eres, sino serlo realmente).
e) Por medio de Moisés el pueblo tuvo su independencia, pero en Jesús tenemos dependencia (relación cercana con Dios).
f) Por medio de Moisés el pueblo tuvo la ley, pero en Jesús tenemos la gracia.

El reto más grande de Jesucristo, se basa en la perfección con la que ejecutó el plan de salvación, esto es, el haberse mantenido recto y firme en el cumplimiento de su ministerio. Fue tentado, insultado, provocado, menospreciado, burlado, ignorado, perseguido, difamado, traicionado, golpeado, humillado, azotado… mientras que Moisés, por un momento pierde de vista su objetivo, y en un arranque de ira ofende a Dios con su forma de actuar, que fue lo que finalmente le impidió entrar a la tierra prometida.
Donde un protagonista falló, el otro se mantuvo fiel hasta la muerte, y muerte de cruz, para que pudieras ser verdaderamente libre.
“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un gran sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” –Hebreos 4:14-16-

miércoles, 19 de octubre de 2011

LA FE, UNA CUALIDAD SOBRENATURAL


Hebreos 10:35-39

Tal vez todos conozcamos distintas definiciones de la Fe, o tal vez todos tengamos una idea general o una idea propia de lo que significa la Fe; pero en esta ocasión quisiera que cambiáramos nuestra idea acerca de esta palabra que tanta polémica ha causado para quienes no la practican, y que, al mismo tiempo, ha sido la fortaleza de tantas y tantas personas a través del tiempo. 

Pero ¿qué es la Fe?... LA FE ES UN VERBO. El Espíritu Santo tiene que convencerte a ti, como me convenció a mí, de que la Fe es un verbo, y que debemos de entenderla y vivirla como tal.

Jesús entendía y vivía la Fe como un estilo de vida, es decir, que aplicaba la Fe en todos los aspectos de su vida. Él vino a hablar acerca de un Reino que se conquista por Fe y no por obras, un Reino que estaba al alcance de todo aquél que creyera que podía vivir en él. Hebreos 12:2 Esta cita nos habla de que Jesús es el autor y consumador de la Fe, es decir, que llevó la Fe de principio a fin: él accionaba la Fe, era algo que le acompañaba en todo momento y en toda circunstancia. Tan cercano contacto tenía con la Fe, que él sabía cuando alguien tenía Fe auténtica (Mateo 8:5-13).

La Fe es el medio por el cual Dios hace grandes cosas, de la nada:

+ Contra todo pronóstico.
+ Contra toda circunstancia.
+ Contra todo lo establecido… aún contra las leyes naturales (Mateo 21:21,22).

Lo que se ve, fue hecho de lo que no se ve, de la nada (Hebreos 11:3). Pablo mismo dice en 2Corintios 5:7 que nosotros andamos por Fe, no por vista; y esta frase encierra le idea  clave: andar por Fe. La Fe no es sólo una palabra, o un concepto que ves en la Biblia o que lees en el diccionario, la Fe no está estática, está en movimiento... así como un verbo es acción y movimiento, también lo es la Fe.

La Fe se tiene que manifestar en obras, no sólo en palabras (Santiago 2:17-23).

Hebreos 6:11-15 Tú que estás leyendo esto, ¿estás esperando algo en Dios? ¿Qué estás haciendo para que eso se cumpla? Hebreos 6:12 Necesitamos ver a la Fe como un verbo, la Fe es acción, solicitud, movimiento, esfuerzo… La falta de Fe es pereza espiritual… Hebreos 6:13,14 Dios promete grandes cosas para nosotros, y cuando Dios promete algo, SIEMPRE lo cumple ¿tú esperas algo en Dios? ¿Qué estás haciendo para alcanzarlo?  Hebreos 6:15 Para Dios, esperar es actuar. Suele suceder que cuando Dios nos promete algo, o cuando le pedimos que nos de algo, literalmente nos sentamos a esperar a que la respuesta llegue, sin esforzarnos, sin buscarlo, sin movernos… P/E: Supongamos que hemos estado pidiéndole a Dios que nos ayude a aprobar un examen muy importante que tenemos por delante, pero resulta ser que “como tenemos mucha Fe”, ni siquiera nos tomamos la molestia de agarrar el libro y estudiar, ni repasamos, ni descansamos para poder concentrarnos mejor en el examen, en fin que “ya oramos y ya pusimos el examen en las manos de Dios”, y como es lógico, reprobamos… y luego nos preguntamos porqué Dios no responde, y nos preguntamos porqué no ha pasado lo que dijo que pasaría, nos desesperamos, nos frustramos y hasta renegamos… Dios no va a respaldar sólo tu Fe, sino las acciones de Fe que estés tomando para alcanzar lo que ya pusiste en Sus manos.

Es necesario dar pasos de Fe… caminar por Fe… andar por Fe. Como lo explica Hebreos 10:35-39: Tener confianza (Fe) para obtener la promesa haciendo la voluntad de Dios.
La obra de Dios en tu vida es una acción compartida: tú pones la Fe, y Él pone el poder. Tu pones la disposición y la voluntad, y Él pone los medios necesarios, respalda lo que prometió… Hebreos 11:1 La Fe es una cualidad sobrenatural, es decir, que actúa sobre/a pesar/más allá de lo natural…de nuestra vista, como dijo Pablo. Es una certeza inmutable y una convicción que modifica: primero te modifica a ti, y en consecuencia, modifica tu entorno y a quienes te rodean.

Te decía que la Fe no está estática, y además, no tiene caducidad, no pierde vigencia. La Fe ha actuado desde Abraham hasta Elías, y desde Elías hasta nuestros días, y seguirá actuando en las generaciones futuras mientras encuentre personas dispuestas a vivirla. 2Timoteo 1:5 La Fe se hereda, se transmite, se contagia; de la manera en la que tú vivas la Fe, dependerá que los demás quieran o no vivirla. 

Pero es una batalla mantener la Fe o mantenernos viviendo la Fe (1Timoteo 6:11,12), porque Satanás sabe que si logra quitarnos la Fe, nos quita todo… Dios promete grandes cosas para nosotros, y cuando Dios promete algo, SIEMPRE lo cumple ¿tú esperas algo en Dios? ¿Qué estás haciendo para alcanzarlo?

“Porque os necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa…” – Hebreos 10:36 -

martes, 20 de septiembre de 2011

EL DIOS DE LA SINCERIDAD

Salmos 40:3
Resulta ser muy triste cuando miras en tu pasado y te encuentras con cosas que te gustaba hacer y ya no las haces, o con personas a las que solías frecuentar y ya no lo haces… recuerdas que eran cosas que te satisfacían y que disfrutabas aunque fueran simples, eran personas que te llenaban y que te hacían sentir bien… pero ya no es igual.
Es entonces cuando te preguntas: ¿Qué pasó? ¿Por qué lo dejé? ¿Por qué no retomarlo? ¿Cómo retomarlo?
Este fin de semana tuve la oportunidad de experimentar varias cosas que me pusieron a meditar acerca del tema. Una de ellas fue una reunión que tuve con mis amigos de la preparatoria: a algunos de ellos, no los veía desde que nos graduamos hace 10 años, a otros, he tenido oportunidad de verlos más seguido, aunque no tan seguido como quisiera. Fue muy grato volver a verlos y pasar un buen rato juntos, como solíamos hacerlo. Luego, las anécdotas no se hicieron esperar; recordar las aventuras, las travesuras, los sustos, las salidas, las caídas, las bromas, los abrazos, los descalabros, los logros y las ausencias… Pero al dejarlos, me di cuenta de que toda la conversación giró en torno a experiencias pasadas hace mucho tiempo, y que en realidad nuestro tema de conversación no pudo haber sido otro porque nos habíamos alejado bastante… ¿Qué pasó? ¿Por qué lo dejé? ¿Por qué no retomarlo? ¿Cómo retomarlo?
La falta de comunión deja de producir nuevas anécdotas y experiencias.
Otra de las cosas que experimenté este fin de semana fue una oración en particular, llena de sinceridad. La escuché de un joven de 17 años en mi congregación: fue una oración sencilla, sin palabras rebuscadas ni fingimientos, con mucha pasión y con plena certeza de fe, transparente y clara, que salió del corazón, una oración hecha a un Dios que está cerca de nosotros, que nos habita, que nos llena; no una oración hecha a un Dios que está alejado y ajeno a nosotros, inalcanzable e inaccesible. Acercándose a Dios “confiadamente” como lo dice Hebreos 4:16; con la confianza que produce la comunión.
Lo que me llevó a preguntarme: ¿por cuánto tiempo sonarán así sus oraciones? ¿Cuántas veces han sonado así mis oraciones? Y no porque me importe cómo la gente las oye, o qué dirán de mi forma de orar, lo que importa es cómo Dios oye estas oraciones, cómo siente estas actitudes. Porque actitudes como estas son las que hacen que Dios incline su oído y atienda. Y si a mí me hizo sonreír, con mucha más razón a Él…
A Dios le agrada la sinceridad… no sólo le agrada… le rete’ncanta… es algo que le motiva, que le mueve, es algo que Él busca.
Salmos 51:15-17 A Dios no le interesa que tan solemne o que tan largo ores, no le interesa que tan coordinado eres para danzar ni que tan afinado eres para cantar; porque ni la oración, ni la danza, ni el canto, son nada por sí mismos. Nada de lo que hagas para Dios importa si no tienes un espíritu y un corazón adecuados. Hebreos 13:15 Dios exige fruto de labios, es decir, que lo que manifiestes externamente sea un producto agradable de lo que sientes y produces por dentro: danza, oración o canción con un sentido diferente.
¿No te ha pasado que ya sabes una canción desde hace tiempo, y ya las has cantado muchas veces, pero de repente una ocasión la sientes diferente y la cantas con muchas ganas y con mucho sentimiento? Así como la primera vez… esto es a lo que se refiere Dios cuando nos exige cántico nuevo, una manifestación auténtica, sincera y fresca para Él (Isaías 42:10): que tu oración sea nueva como tu cántico es nuevo y que tu comunión con Él sea nueva como nuevas son sus misericordias. Lamentaciones 3:22,33
Pero lo que no es nuevo ni sincero, a Dios le aburre y le decepciona. Un pueblo que realmente no siente lo que hace (Isaías 29:13), un pueblo de labios para afuera, gente que externamente hace lo que debe hacer, pero internamente no pasa gran cosa. Una oración es sincera cuando se juntan los labios con el corazón, cuando lo externo está en sintonía con lo interno. Así es que ya sea que dances, brinques, grites o cantes, debes hacerlo sinceramente.
Frecuentar a Dios, te lleva a tener comunión con Él. Te lleva a desarrollar tal confianza y te lleva a tenar tantas cosas en común, que todo cobra sentido y entonces todo es fresco y nuevo y significativo… Cuando escuché orar a este joven de mi congregación, me acordé de un hombre en la Biblia cuya relación constante con Dios le hacía orar de una manera muy particular. Moisés tenía el privilegio de hablar con Dios con toda la sinceridad y toda la confianza del mundo, como si fuesen compañeros (Éxodo 33:11).
Y es que la sinceridad con Dios, es lo que caracterizó a muchos hombres en la Biblia. La sinceridad de la alabanza (comunión entre lo interno y lo externo) del joven David aplacaba el espíritu que atormentaba a Saúl. Después cuando David ya era rey, la sinceridad y la pasión de su danza movió a todo el puedo a danzar y alabar a Dios cuando estaban moviendo el arca de la casa de Obed-Edom hacia Jerusalén… pero a mí me gusta pensar que a lo mejor ni tocaba tan bien, a lo mejor ni danzaba tan bien… pero cuando alguien es auténtico, se siente la diferencia y hace sonreír a Dios.
Cuando tú descuidas tu comunión con Dios, dejas de producir nuevas anécdotas y experiencias.
Y cuando tu oración, tu cántico y tu danza deberían de ser nuevos y frescos, en realidad se hacen trillados, o tal vez simplemente Sus misericordias que son nuevas cada día dejan de asombrarte… cuando pierdes de vista la razón de tu oración tu cántico o tu alabanza, empieza a perder significado, y pierde sinceridad. Paulatinamente dejas de producir comunión con Dios, empieza a faltar la intimidad y de repente ya no hay tanta confianza para acercarte a Él… puedes incluso llegar a enfriarte del todo, puedes incluso llegar a decir: recuerdo aquel culto tan bendecido… recuerdo cuando sentí bien padre la alabanza… recuerdo cuando me metía a orar con Dios… recuerdo cómo disfrutaba leer la Biblia…
Resulta ser muy triste cuando miras tu relación con Dios y te encuentras con cosas que te gustaba hacer y ya no las haces, que solías frecuentarlo y ya no lo haces… recuerdas que eran cosas que te satisfacían y que disfrutabas aunque fueran simples, que Dios siempre te llenaba y que te hacía sentir bien… pero ya no es igual.
¿Qué pasó? ¿Por qué lo dejé? ¿Por qué no retomarlo? ¿Cómo retomarlo?
A Dios le agrada la sinceridad… no sólo le agrada… le rete’ncanta… es algo que le motiva, que le mueve, es algo que Él busca. La busca en nosotros… nos busca a nosotros.
Apocalipsis 2:2-6 Hoy es tiempo de recordar nuestro primer amor, reencontrar la verdadera razón por la que hacemos las cosas. Hacerlo con la misma seriedad con que lo hacíamos cuando vivíamos nuestro primer amor, como la primea vez.

martes, 6 de septiembre de 2011

DIOS ESTÁ EN EL SILBO APASIBLE

1Reyes 19:11,12
El Espíritu Santo (Dios mismo) siempre se hace presente cuando se le necesita. Jesús prometió que el Consolador (Espíritu Santo) iba a estar con nosotros siempre (Juan 14:16,17); y cuando dice que estará con nosotros, quiere decir que ha estado y estará presente en cada aspecto de nuestras vidas: cada decisión, cada experiencia, en los buenos y en los malos ratos, con las buenas y con las malas personas, en fortaleza y en debilidad, en el gozo y en  la tristeza. Pero no solamente está presente, sino que está activo en nosotros. El Espíritu Santo se manifiesta de acuerdo a la necesidad. Un consolador es aquél que siempre tiene la palabra correcta y que siempre sabe qué es lo mejor.
Dios es soberano en su forma de actuar, tiene sus propios métodos de acción: casi nunca son los más ortodoxos, pero son efectivos. Muchas veces no entendemos porqué Dios actúa y responde de tal o cual forma, pero podemos estar seguros de que Él va a traer la respuesta. La respuesta siempre viene bajo los términos de Dios:
+ Donde Él quiere
+ Cuando Él quiere
+ Como Él quiere
Cada vez que nos encontramos en pruebas, Dios encuentra una manera de manifestarse y hacernos saber que está con nosotros. No siempre es como quisiéramos, es como Él cree mejor. A veces quisiéramos que la respuesta de Dios llegara rápidamente y bajo nuestras propias condiciones: donde queremos, cuando queremos y como queremos. Pero como nuestro Padre, Dios no siempre nos da lo que queremos, pero siempre nos da lo que necesitamos. Si no entendemos esto, podemos fácilmente desesperarnos, desanimarnos, hacer nuestro berrinche o lo que es peor: darnos por vencidos.
Jesús, como hijo de Dios, entendía muy bien esto. Cuando ora el “Padre nuestro”, menciona: hágase tu voluntad en la Tierra y en Cielo. Pero nosotros oramos y nos comportamos al revés: hágase mi voluntad en la Tierra y en el Cielo. Queremos que Dios endose su voluntad a la nuestra. Pero ¿quién tiene una mejor perspectiva de las cosas? ¿el padre o el hijo?
El profeta Elías acababa de vivir una victoria muy importante (1Reyes 18:1-46): Dios había mostrado su poder delante de todo el pueblo haciendo caer fuego del cielo sobre el sacrificio, Elías acababa de demostrar que Dios era poderoso y que estaba con él, había humillado a la reina Jazabel junto con su dios Baal y sus profetas. También acababa de orar para que lloviera después de 3 años de sequía y Dios contestó. Hasta aquí todo iba bien, parecía que después de haber permanecido como fugitivo por 3 años, las cosas por fin empezaban a mejorar, que todo lo que emprendía resultaba bien, que Dios ya estaba respondiendo y que le respaldaba en todo. Pero entonces viene otra recaída: cuando la reina Jezabel se entera de todo lo que Elías había hecho, se enfada tanto que amenaza con matarlo (1Reyes 19:1,2); y cuando el profeta se da cuenta del peligro que corría, también él decidió correr (1Reyes 19:3)… y viene otra vez al exilio, otra vez a la derrota, otra vez a la tristeza y al desánimo, a esconderse. Parecía que todo el gozo y la confianza que acababa de sentir se había esfumado… es fácil tener la certeza de que Dios está con nosotros cuando las cosas van bien, pero cuando las cosas van mal, parece que Dios nos ha abandonado. Pero ya dijimos que la promesa es que el Consolador está siempre con nosotros: aquél que siempre tiene la palabra correcta y que siempre sabe qué es lo mejor.
Entonces Elías actúa como muchas veces nosotros hemos actuado: se queja amargamente, desanimado y se menosprecia a sí mismo (1Reyes 19:4). Parecía que Dios jugaba con él… ¿qué Dios no había ya tratado con él? le había sacado del exilio y le había usado grandemente, y ahora volvía a lo mismo… ¿entonces no sirvió? Más bien, Dios tenía algo nuevo que enseñarle:
+ Primero le enseñó que Él tenía el poder para hacer lo imposible.
+ Ahora quería enseñarle Su soberanía, y que así como tenía el poder para consumir con fuego, también tenía el poder para obrar sanidad.
Dios es fuerza y vigor, pero también es paz y tranquilidad. Muchas veces esperamos que Dios se manifieste como nosotros esperamos, pero Dios, a través del Espíritu Santo se mueve de acuerdo a la necesidad.
1Reyes 19:5-8 A pesar de que Elías corre y se aleja, Dios está con él, le acompaña donde quiera que va, y está al pendiente de sus necesidades. Así también sucede con nosotros: a pesar de que a veces nos desesperamos, nos desanimamos, nos alejamos y hasta renegamos, Dios siempre está al pendiente de nosotros y no nos deja, porque aún tiene algo que enseñarnos. 1Reyes 19:9-12 Elías es llevado a Horeb porque Dios iba a pasar por ahí, pero antes de eso Dios le hace una pregunta interesante: ¿qué haces aquí? Como esperando que él pudiera entender que lo que había pasado había sido necesario para que viera a Dios manifestarse. Pero Elías le repite de nuevo su queja con un aire de desesperación y reclamo; entonces Dios lo saca de la cueva donde está metido justo en el momento que Él pasaba por ahí. Elías esperaba ver a Dios manifestarse con poder como antes, y que le hiciera justicia; él esperaba verle en el viento recio… pero Dios no estaba ahí, él esperaba verle en el terremoto… pero Dios no estaba ahí, él esperaba verle otra vez en el fuego… pero Dios tampoco estaba ahí.
1Reyes 19:13,14 Dios estaba en el silbo apacible y delicado. Dios se estaba manifestando de la manera en que Elías menos se hubiera imaginado. Pero era la manera correcta. Elías comprende, se arrepiente y reconoce a Dios, y cuando Dios le vuelve a preguntar de nuevo: ¿qué haces aquí?, él vuelve a contestar lo mismo, pero ahora en un tono distinto, con entendimiento distinto.
Elías creía necesitar viento, terremoto y fuego, cuando en realidad necesitaba paz, sanidad y dirección. Necesitaba un silbo apacible.
1Reyes 19:15-18 Dios le hace ver que ya tenía dispuestas todas las cosas, que ya había tomado la situación en Su control. Él sabía lo que Elías necesitaba y lo que anhelaba y lo que le preocupaba; pero Dios iba a actuar: donde Él quisiera, cuando Él quisiera y como Él quisiera. Por ahora Él quería manifestarse a Elías con paz y darle tranquilidad mientras llegaban las cosas prometidas, porque era lo que él necesitaba. Ahora Dios le asigna su siguiente misión, en señal de que había completado Su trato con él.
Dios no siempre nos da lo que queremos, nos da lo que necesitamos. Dios no siempre actúa como queremos, actúa de la mejor forma.

martes, 23 de agosto de 2011

¿QUE QUIERES COSECHAR?

Gálatas 6:7-9
Y para comenzar, quiero que te hagas esta pregunta: ¿qué quieres cosechar? Hay un principio muy lógico que está explicado en la Biblia, y con el que seguramente nos hemos topado a lo largo de nuestras vidas: lo que siembres, eso también segarás.
Todos esperamos resultados, todos queremos lograr cosas: que nos respeten, pero ¿nosotros respetamos?; un mejor trabajo y que nos paguen un sueldazo, pero ¿cómo es tu desempeño?; una buena familia, pero ¿qué haces para lograrlo?; sacarnos la lotería, pero ¿ya compraste el boleto? No puedes esperar resultados sin trabajar en ello.
No puedes cosechar sin antes haber sembrado, a veces esperamos que las cosas se den por generación espontánea, que todo va a ser posible con tan solo desearlo. Incluso no sembrar es sembrar, pues siembras indolencia y cosecharás mediocridad. ¿Qué estas sembrando? Lo que siembras, eso también segarás, ¿o acaso puede alguien que siembra fresas cosechar maíz? Debes asegurarte de que estás sembrando lo que quieres cosechar.
Gálatas 6:7-9 Ahora traspasémoslo a la vida espiritual: si siembras para el Espíritu, es decir, las cosas que a Dios le agradan, cosecharás vida eterna (cosas transcendentes), pero si siembras para la carne, es decir, para las cosas terrenales, cosecharás corrupción (cosas intrascendentes). Cuando siembras para el Espíritu, tu carne lo resiente, pues dejas de sembrar para la carne, y cuando siembras para la carne, tu espíritu lo resiente, pues dejas de sembrar para el Espíritu. Pero esto es peligroso, porque el invertir en cosas que son para la carne, te quita el interés por sembrar el espíritu y eventualmente dejas de sembrar en lo que realmente importa. Por eso la insistencia del apóstol Pablo en no cansarse de hacer el bien.
Gálatas 6:7 No nos engañemos, a Dios no se le escapa NADA. Él tiene en cuenta todo lo que siembras, tal vez a otros los podremos engañar, incluso nos podremos engañar a nosotros mismos desperdiciando nuestro tiempo, esfuerzo y dinero en cosas que no aprovechan, pero a Dios no lo podemos engañar.
Quiero llevarte al libro de Oseas, uno de los tantos profetas que Dios usa para hablarle al pueblo ¡otra vez! Porque Dios siempre busca que madures a través de tu entendimiento: que desarrolles la capacidad para asimilar las cosas antes de tener que tratar contigo. En esta ocasión, el pueblo de Israel se encontraba dividido en dos por cuestiones políticas: el Reino del Sur (las tribus de Judá y Benjamín), y el Reino del Norte (el resto de las tribus).
Dentro del Reino del Norte, la tribu más próspera era la de Efraín. Efraín fue preferido por su abuelo Israel (antes Jacob), quien lo bendijo por sobre su hermano Manasés que era el primogénito de José (Génesis 48:14). Esta bendición perduró y abarcó a sus generaciones, que vinieron a formar la tribu que llevaría su nombre y que tuvo las mejores  más fértiles tierras de todo Israel, y con ello, un nivel económicamente más elevado (Oseas 9:13).
Dios a través de Oseas, le hablaba a Efraín porque quería que entendiera. Dios contiende con nosotros porque no tenemos entendimiento (Oseas 4:1). Trae un pleito casado con nosotros porque no podemos o no queremos entender. Oseas 4:6 Cuando dice que perecemos por falta de conocimiento, no quiere decir que no sabemos lo que debemos hacer, sino porque no lo hacemos; no tenemos conocimiento porque desechamos el conocimiento. Me imagino a Dios diciendo: “si entendieran, se evitarían muchas penas…”
Y Dios se lo dice a Efraín, parafraseándolo:
- Teniendo tanto.
- Siendo ejemplo.
- Siendo favorecido.
- Estando en un lugar de privilegio… y aun así no eres capaz de buscarme…
Oseas 5:3 A Dios no se le escapa nada, no lo podemos engañar. Efraín era vanidoso (hacía cosas vanas, sin trascendencia), no tenía entendimiento (Oseas 7:11), obtuvo fruto para sí mismo porque sembró para sí mismo (Oseas 10:1), sembró para la carne, entró en el terreno peligroso y se le quitó el interés por sembrar para el Espíritu, siendo que todo lo que tenía lo había recibido de Dios…
Dios quiere conocimiento más que otra cosa… quiere entendimiento (Oseas 6:6). Dios busca que hagamos las cosas correctas (Oseas 11:1-3), y a veces aunque sabemos y le conocemos, hacemos todo lo contrario. Efraín sabía y conocía a Dios, pero no quiso entender y terminó cosechando las consecuencias de sus actos. ¿Qué quieres cosechar? ¿Qué has estado sembrando? ¿Carne o Espíritu?
Dios busca que entiendas, pero sabe que sin conocimiento vas a perecer, y no porque Él así lo desee, sino porque así lo elegiste. Las consecuencias de tus actos siempre van a llegar, sean buenas o malas, es la ley de la siembra y la cosecha. Oseas 4:14,17 Si no tienes entendimiento, Dios te deja que sigas tu camino, pero caerás… porque todo lo que el hombre sembrare, eso también segará…