La misión...


"Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca ; no la dejes, y ella te guardará; ámala, y te conservará.
Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.
Engrandécela, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tú la hayas abra
zado."

- Salomón, Proverbios 4:5-9 -

martes, 19 de abril de 2011

NEHEMÍAS REFORMADOR

Introducción

Nehemías es uno de los libros más representativos en la Biblia cuando se habla del trato de Dios con las personas; en esta ocasión, dicho trato, se presenta en medio de circunstancias particularmente especiales en cuanto a lo político, religioso, social, económico e histórico del pueblo de Israel. Hablando de  Nehemías como persona, es uno de los más virtuosos individuos y de los más influyentes personajes, nos solo religiosos y/o espirituales, sino que trascendió y trastornó (para bien) otros ámbitos, siendo un: estratega y administrador concienzudo, un político responsable movido por sus ideales y un gobernante apasionado por la gente. Todas estas características, sumadas a las de un hombre primeramente apasionado por Dios, y comprometido con la misión que Él le había encomendado, hacen de Nehemías uno de los modelos a seguir, no sólo en el judaísmo, sino también en el catolicismo y el cristianismo.
El libro de Nehemías fue escrito del 330 – 320 a. C. y narra una serie de hechos que sucedieron en los años 519 – 516 a. C. aproximadamente, y la línea principal de la historia es la reconstrucción del muro de Jerusalén. La ciudad de Jerusalén se encontraba en ruinas luego de que fuera tomada por Nabucodonosor, rey de Babilonia en el año 587 a. C. La ciudad fue sitiada, el ejército israelita derrotado, el templo de Dios ultrajado, la ciudad destruida y quemada a fuego, y muchos de sus habitantes (desde gobernantes, realeza, sacerdotes, gente importante y hasta gente común) fueron tomados como prisioneros, siendo llevados a Babilonia para servir como esclavos durante 70 años (de acuerdo a la profecía dada por Dios mediante Jeremías).
Babilonia cae en manos de Ciro, rey del Imperio Persa en el año 539 a. C. y en el año 538 a. C. deja en libertad al pueblo de Israel, declarando que todo el que quiera regresar a Jerusalén para servir a Dios, puede hacerlo; entonces una parte de los israelitas que estaban en la cautividad, regresan a Jerusalén bajo la autoridad de Zorobabel como gobernante y de Esdras como sacerdote y líder espiritual, pero otros israelitas deciden quedarse en Persia. Estos hechos están narrados en el libro de Esdras, en donde el tema principal es la reconstrucción del templo de Dios. Cuando Nehemías pregunta al principio del libro por la situación de los que regresaron de la cautividad, se está refiriendo a la gente que ya esta viviendo en Jerusalén y que llegó con Esdras unos 20 años atrás.  
Quiero empezar a describir un poco el estilo de vida que Nehemías llevaba, puesto que él se encontraba en Persia. Dice la palabra que él vivía en Susa, y llama a esta ciudad “la capital del Reino”; y aunque Susa no era la capital de Persia, ahí se concentraba la clase influyente del Reino: príncipes, nobles, ricos, influyentes, cortesanos, etc. Nehemías era un siervo del Imperio en turno que predominaba en el mundo, y además de eso, servía en una ciudad donde se codeaba con la crema y nata del imperio, y por si fuera poco, servía directamente al rey y desempeñaba una labor de suma importancia y eminencia: era copero, es decir, tenía el privilegio y la responsabilidad de beber el vino de la copa del rey, esto para saber si era digno de ser probado o para saber si estaba envenenado o no. Junto con esta responsabilidad, Nehemías gozaba de la comunión y cercanía con el rey mismo: vivía en su casa, estaba bajo su protección, tenía honor, cultura, riqueza y prosperidad.
Todo esto sumado al hecho de que muy probablemente, Nehemías ni siquiera hubiera conocido Jerusalén, ni hubiera visto el templo de Dios, ni mucho menos que tuviera algún lazo que le atara a esta ciudad y mucho menos teniendo el estilo de vida que tenía. No tenía razón para preocuparse por nada más que él mismo y su familia, puesto que lo tenía todo. Aún así, en cuanto se entera de la condición del pueblo de Israel y de la ciudad de Jerusalén, surge un dolor y una carga tan grande en su corazón, que lo llevan hasta las lágrimas, rasgando sus vestiduras en señal del sufrimiento que sentía.
Ante todo, debemos resaltar que cuando se adquiere un nivel tal de compromiso, que te lleva a reacomodar tus prioridades y no solo cambiar tu estilo de vida, sino a cambiar la vida de otros, no hay otro responsable más que Dios. Una vez que Dios habla a tu vida y te da la certeza de lo que quiere hacer a través de ti, no hay lugar a dudas ni pretextos, no importa lo que ves, sino lo que Dios te ha mostrado que será, no importa cuán difícil sea, mientras el obstáculo más difícil haya sido vencido: tu mismo. Nehemías, sin saberlo aún, estaba siendo llamado para ser el caudillo de una reforma tal, que iba a cambiar totalmente la manera de ver y entender a Dios en una nación que había olvidado por completo quién era Él; una nación cuya caída empezó por cambiar su enfoque, cambiando la protección de Dios por muros, prefiriendo la religiosidad que el temor de Dios, poniendo su confianza en sus riquezas antes que en Dios, dándole prioridad a los deseos de su carne que a Dios; una nación que ahora se encontraba herida en su orgullo, devastada en su economía y cansada de vivir en opresión. Dios debía primero llevar a Nehemías a reacomodar sus propias prioridades y cambiar su enfoque. Para efectuar una reforma, primero debes ser reformado.
Es importante mencionar todos estos antecedentes para poder entender el contexto en el que se desenvuelve la historia y sobre todo para poder explicar y desarrollar los puntos y enseñanzas que de esta historia se desprenden y que se apreciarán a través de tres temas centrales, que a su vez, representan las tres distintas etapas por las que Nehemías tuvo que hacer pasar al pueblo para lograr esta reforma, estas etapas son: concientización, regeneración y pacto-reformación.

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